Una lágrima por “Clementina”

La Nación Revista 6 de junio de 1971.

Con poco más de diez años de edad, “Clementina” debe jubilarse y dejar paso a las nuevas generaciones. Es cierto que podrá hacer, de todos modos, algunas tareas menores, pero la dura realidad es que sus grandes glorias son ya cosa del pasado. Como se ve, también en el mundo de las computadoras el Poder Joven no tiene mayores miramientos con quienes fueron pioneros en el momento en que les tocó ser jóvenes.

En el caso de “Clementina”, estas vicisitudes se cumplen hasta en los detalles: miembro de la “primera generación”, tenía la rara habilidad de producir música. Tanto, que al entregarla, la casa Ferranti (inglesa, a pesar de tan italiano apellido) proveyó una partitura de la “Rapsodia Húngara”, de Franz Listz, que alumnos y profesores se ocuparon de prolongar en un amplio repertorio, no siempre tan convencional...

 

clementinaespaciodecomputoComo las “nuevas generaciones” no tienen esta habilidad, los jóvenes tienden a menospreciarla. Se olvidan que el mismo mecanismo (un golpe de parlante repetido la cantidad de veces necesaria por segundo para entregar un “do”, un “la sostenido”, etcétera) es el que permite actualmente en forma experimental dar a las computadoras la posibilidad de expresarse verbalmente.

Es decir, que no se ocultan cintas magnetofónicas con “frases hechas”, sino que la computadora “arma” el sonido de cada letra con esas unidades, habla con la misma pasión incontenible de una esposa enojada.

Hermanas del modelo Mercury (“Clementina”, por ejemplo), pero de último diseño, son las computadoras que controlan las centrales de tiro de nuestro portaviones y de los nuevos cruceros comprados a Inglaterra por la Armada Argentina.

En la actualidad, el Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, instalado en la Ciudad Universitaria, en las inmediaciones del aeroparque metropolitano, que tuvo como eje de su funcionamiento a “Clementina”, busca una sucesora acorde con tan significativo antecedente. Cuando la licitación en marcha ponga el dedo (y el millón de dólares que cuesta) sobre la elegida, se marcará un nuevo punto de partida para la institución.

Al comando de este instituto de brillante trayectoria se encuentra desde 1967 el ingeniero Carlos R. Cavoti, que ha desarrollado la especialidad en la Universidad de Purdue, Estado de Indiana, en los Estados Unidos, entre los años 1956 y 1966, en que se repatrió. Cavoti, cuya actividad científica se centra especialmente en cálculo de variaciones y teoría de control, se encuentra muy imbuido del tipo de institución que el país necesita. Y a ellos se debe que el instituto ejerza una acción de apoyo a la docencia –especialmente en la carrera de computador científico- y que al mismo tiempo procese investigaciones del a Universidad Nacional de Buenos Aires y de otras universidades argentinas. Y que también desarrolle investigaciones propias donde los conocimientos y/o las técnicas que se aplican han de cumplir la condición de ser “nuevos”.

Pero no todo queda allí: el IC realiza, además, servicios para terceros, que no resultan factibles para los propios intereses.

Un buen ejemplo de este último tipo de prestaciones fue el desarrollo de modelos matemáticos aplicados a diversos sistemas de ahorro y préstamo. La tarea fue encomendada al IC por la Caja Federal de Ahorro y Préstamo para la Vivienda, con la finalidad de lograr un diagnóstico exacto sobre por qué fallaba en nuestro medio un método que, en otros países (Alemania, especialmente), había significado una solución al problema habitacional.

Ante un objetivo de tanta trascendencia social, el IC inició el trabajo planteándose un interrogante fundamental: ¿cuánto dinero se requiere para garantizar el funcionamiento de un plan de ahorro y préstamo? Se estudiaron versiones diversas, tales como las de “préstamo directo”, “préstamo con ahorro simultáneo”, “préstamo con descuento de intereses”, etcétera. Se trataba de poder decirle a una empresa determinada cuánto capital necesitaría para promocionar un determinado plan, cómo debería inyectar ese dinero en las operaciones, cuáles serían sus límites de contratación y, con todo eso asegurado, cuáles serían sus posibles ganancias. “Clementina” debió responder a estas preguntas para el caso de una situación hipotética estable, pero también frente a alternativas cataclísmicas, tales como un corte brusco de la venta o una demanda de excepción. También hubo que considerar las alternativas de contratación variable (dentro de una misma empresa, varios plantes diferentes), planes con mucho o poco ahorro, intereses mayores o menores, etcétera.

Luego de un año de trabajo en que siete personas actuaron con remuneraciones procedentes del pago recibido por el servicio prestado, se arribó a las conclusiones buscadas. Y ahora se puede saber, en el momento mismo de lanzar un plan de ahorro y préstamo, cuáles serán sus resultados a largo plazo. El contar con un elemento de juicio tan exacto permite a autoridades y empresas salvar el principal punto de apoyo del sistema: la fe del público. En líneas generales, puede decirse que, para que las bases sean sólidas, la empresa de ahorro y préstamo debe tener 20 a 30 pesos por cada peso que contrata. A posteriori, el negocio es altamente rentable y financieramente seguro, pero esos 30 por uno muestran el volumen de capital que se requiere para responder por cada contrato que se admite. De allí que los cálculos demostraran que el mayor riesgo de un plan de ahorro y préstamos es vender por encima de su cobertura de capital exógeno. En cálculos posteriores se pudo llevar la proporción a $10 de reserva por cada uno que se contrata mediante el otorgamiento de préstamo sin ahorro, a cambio de que el 25% del dinero sea aportado como capital por el beneficiario de crédito. Así es que el intercambio recibe $0.75 por cada peso que se obliga a reembolsar y, posteriormente, recibe también el 0.25 que debió aportar como capital, incrementado por los intereses que, en el interín, se sumaron a su favor.

Otra de las investigaciones realizadas en el IC se refiere a mecánica celeste. Sus conclusiones fueron presentadas en el XX Congreso de la Federación Internacional de Astronátutica, en Mar del Plata. Para llevar a cabo esta tarea, el IC hizo un contrato con la Comisión Nacional de Estudios Geoheliofísicos, cuyo titular es el ex sacerdote jesuita Mariano Castex. Se trataba de llegar a cálculos tales que permitieran establecer con alta precisión la órbita de cualquier objeto cósmico –natural o artificial- que atravesara el cielo porteño. Para lograrlo se requerían las mejores herramientas de cálculo de alta precisión y computación de lata escuela.

El problema que se presenta en astronomía es grave debido a que la matemática teórica, en su desarrollo actual, no tiene fórmulas que permitan solucionar situaciones reales. La metodología requerida es, entonces, la de cálculo numérico, donde se “va afinando el lápiz” hasta llegar lo más próximo posible a los valores reales. Ahora bien, esta necesidad de “tantear” en busca de la verdad representa un volumen de cálculos que, aun para la computadora, se convierte en una tarea agotadora.

clementinaconsolaDe allí que, en este caso como en muchos otros, se vuelve necesario simplificar las operaciones todo lo posible para la utilización racional de la computadora.

Por este camino, dos profesores y dos ayudantes llegaron a cifras que requerían una comprobación en los hechos. Esto se concertó con el seguimiento del satélite artificial ECO que, por ser el más estudiado y seguido de todos, permitió llegar a la conclusión de que las cifras finales eran correctas. En el orden práctico, un centro de observación instalado en Buenos Aires deberá hacer el mínimo posible de corrección de cálculos para tener la certeza de que el objeto seguido no se le escape de la mira.

También en la cosmonavegación son aplicables las conclusiones ya que proveen datos referentes a los movimientos de rotación de los satélites artificiales. Y la importancia de esos giros que el objeto da sobre sí mismo supone el funcionamiento o no de las baterías solares, el funcionamiento o no de las antenas dirigidas a tierra y el mantenimiento de la orientación en el espacio infinito. Hay también datos que se extraen de la deformación de las elipses que describen los satélites y que se convierten en valiosa información sobre densidad de masa del territorio argentino y otros valores de fundamental interés para la entidad que encargó el estudio.

Otra investigación en marcha se refiere a Teoría de Control y Optimización, que permitió -por ejemplo- establecer cómo conviene detener un reactor nuclear, en el menor tiempo posible, sin provocar un “envenenamiento”.

El IC interviene también en la realización del censo cañero de Tucumán a cargo de la Secretaría de Industria y Comercio; en una investigación cardiológica en la que participan la Comisión Nacional de Energía Atómica y otras instituciones. Y, con una ambición que parece desmedida, ahora proyecta la construcción de una computadora híbrida (emplea los sistemas digital y analógico, según convenga), del tipo que utiliza la NASA.

Todo este empuje traducido en realidades es llevado a cabo por cinco profesionales de ingeniería, ocho de formación matemática, siete estudiantes avanzados de carreras afines (becados con el dinero que el instituto recibe de terceros), tres técnicos y siete personas que realizan tareas no profesionales.

Cuando se piensa en todo esto y se sitúa en el centro de “Clementina” es fácil darse cuenta por qué los miembros del IC miran con nostalgia el alejamiento de ese ser inanimado que, sin embargo, pensó, hizo música y creó bellos dibujos en una prestación que promete renovarse en su sucesora. En el frío mundo de los números, una lágrima algebraica rinde honores por “Clementina”.

 

Aqui esta es la nota original de la fecha.

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